By Furi
Tiempo ha que prometí al ilustre gerente de este blog de tarados remitir ciertas aventurillas de mi mocedad, que muchos de vosotros seguramente conozcáis de oídas, pero que en todo caso resulta bonito recordar y por supuesto novelar un poco (aunque debo reconocer que todo lo que aquí se narra, aunque embellecido, es la pura verdad).
Para los que no me conozcáis soy Furilo, alias que se me impuso en el Maravillas por la ocurrencia de un compañero que, al verme en la pizarra en una clase de 8º me encontró parecido con el conocido Capitán de la Poli neoyorquina (Hill Street Blues). Para los que me conozcáis algo más, pero no en exceso, debo poner en antecedente que tenía una cierta fama de torpe, rompecosas, manazas... que aunque absolutamente inmerecida tuve a bien reconocer tácitamente con la frase que encabeza este relato, y cuyo origen paso a contaros.
Nos remontamos al curso 90-91, tercero de BUP de aquella época (ahora ya ni se sabe lo que es ESO), en el que siendo como éramos los alumnos mayores (después de los de COU), disponíamos de un pequeño margen por las mañanas para salir a la calle en el tiempo del recreo, momento que aprovechábamos en ocasiones para “alargar” el tiempo de esparcimiento en los aledaños del Colegio.
Ahora bien, ese tiempo -pellas, para hablar en plata- podía gastarse en pocos lugares cerrados. Algunos hacían correrías por El Viso -los menos-, otros se iban al inefable Garcés -los más-, especie de panadería en la que se reunían los alumnos por diversos motivos, y unos pocos elegidos nos íbamos a tomar café y a debatir del mundo en general y de nuestra tonta adolescencia en particular en la cafetería del conocido “Mayte Comodore”, entre la plaza de la República Argentina y la (entonces) embajada del Japón.
No era frecuente que hiciese pellas, pero aquella mañana había trascendentales cuestiones que debatir -vamos, que no soportábamos la clase de literatura de la Toñi- y decidimos alargar nuestra sesión en el Mayte. Lo cierto es que ya al entrar estaba entre la puerta del café y la embajada un curioso señor con pinta de vagabundo y un cartel de esos que se adosan cual plancha a la parte delantera y trasera del cuerpo -al estilo compro/vendo oro de los de la Puerta del Sol- en el que se mostraban unas fotos y figuraba un manifiesto absolutamente ilegible.
Posteriormente me enteré que el buen señor había perdido a su hijo en un accidente de moto, que a la sazón era Yamaha, y protestaba por ello donde tuvo a bien: ante la Embajada del país en donde está la sede de la compañía en cuestión. No parece muy lógico el lugar, pero para gustos colores, y no seré yo el que prohiba a la gente dónde manifestarse... bueno, de hecho colaboro en que se prohiba... bueno, esto no viene al caso y me estoy alejando de lo que quiero contar.
El caso es que tomábamos plácidamente el café, mientras que el “hombre-cartel” iba ventanal arriba, ventanal abajo, diciendo cosas incomprensibles y moviéndose a zancada corta, zancada larga, estirándose, encogiéndose. El caso es que al principio ignoré su desfile ante el ventanal, pero a eso del segundo café empezó a ponerme nervioso. Debo recordaros que ignoraba completamente su reclamación, y que tanto movimiento me estaba empezando a poner de los nervios. QUERÍA SABER EL PORQUÉ de tanta samba, y el hombre con su propio movimiento me lo impedía.
El caso es que no sin cierta tensión decidí centrarme en nuestra importante charla, así que seguimos tomando cafés y refrescos, que se iban acumulando en la no muy grande mesa del café (para los que no lo conozcan o lo hayan olvidado, venían a ser unas mesas medianas con tabla de mármol apoyadas en un trípode de metal, que con cuatro consumiciones se llenaban en seguida de trastos).
No obstante, la maldita y contínua danza del tipo me distraía enormemente, así que traté -ahora con dedicación- desde el ventanal de ver qué ponía en el cartel. Con frustración, pues no lograba ver ni entender nada, decidí sentarme y seguir con la charla de nuevo, pero el nerviosismo -no ya por el mensaje que no lograba captar, sino por la ineficaz manera de transmitirlo del tipo- me empezaba a corroer por dentro.
Ya no quería saber de qué iba el rollo del buen hombre, sólo que dejara de distraerme de una vez.
Y él, zumba parriba, zumba pabajo, canturreo ininteligible...
No podía más. Me estaba fastidiando la tertulia y tenía que expresar de algún modo mi malestar, así que mi inconsciente actuó antes que mi cabal persona y, sentado en mi silla, alzando una mano extendida y recta, cual karateka, grité:
PARAQUIETOYAESUSTANSIAO!!
(O en cristiano: ¡deja de moverte tanto de una vez, insulso!)
Lo que mi cerebro no calculó con mi grito de ira fue que, al soltarlo, relajó también el músculo que sujetaba mi mano en lo alto, lo que provocó que la misma bajase cual hoja de guillotina con la mala suerte de no caer en el vacío, sino justo encima de mi taza de café, que reposaba sobre la abarrotada mesa.
El resultado fue atroz. La tabla de mármol resistió el embate, pero no así las cosas que portaba. Fue uno de esos segundos que se quedan en tu retina como una foto. Los caretos de mis amigos eran un poema: unos sin pisparse, otros con cara de estreñimiento al ver caer las cosas, otros con gesto de terror puro ante la posibilidad de que se les cayeran encima... Pero gracias a Dios no hubo heridos, y quien llevó la peor parte fueron las tazas y tubos de las consumiciones que hasta el momento llevábamos: a excepción de los platos de café, todo fue al suelo, con el consiguiente estrépito, y casi todo se rompió (tazas, tubos, botellas de cocacola, etc.). Lo más curioso fue mi propia taza, sobre la que cayó mi mano karateka y que por elementales leyes físicas provocó una fuerza sobre la tabla de mármol que hizo que todo se viniese abajo: estaba perfectamente partida por la mitad (imaginad una taza de segafredo zanetti perfectamente rota por la mitad desde arriba, como si la hubiesen cortado con una sierra).
El local entero miraba nuestra mesa. Yo estaba aún con la mano tiesa, e inconscientemente de pie.
Mi primera reacción fue murmurar un levísimo “ya la hice” que no obstante oyeron todos los amigos allí presentes... y luego se encargaron de convertirlo en la leyenda que os he narrado.
PD: completé la faena, volviendo mecánicamente la cabeza al pasmado camarero que miraba atónito el desastre -aún con la mano tiesa, y dolorida- y preguntándole “¿qué se debe?” (mítico también, para los que me conozcáis).
Un abrazo a tós.
miércoles 30 de abril de 2008
martes 8 de abril de 2008
Viaje a Baqueira
Salimos de Madrid a las de 3 de tarde, con el Golf de mi padre. Correcto.
Comemos en el coche sandwiches y cruasanes de Rodilla. Correcto.
Paramos en Zaragoza a poner gasolina y reponer refrescos. Correcto.
Llegamos a Huesca y el embrague empieza a temblar. Incorrecto.
Llegamos a Puente de Montañana y el embrague empieza a hacerse de rogar. Incorrecto.
Pasamos el Túnel de Viella y el embrague empieza a decir que ya me vale. Muy Incorrecto.
Llegamos a la primera rotonda de Viella y el embrague se queda apretado en el fondo y dice q no vuelve a salir, q está harto de q le pisen. Incorrecto Total.
A las 9 y 30 de la noche consigo arrancar el coche y llevarlo hasta la plaza. Correcto.
Hablo con el Race y dicen q lo recogen en 30 minutos. Correcto.
Hablo con el Race y dicen q no tengo vehículo de sustitución. Incorrecto.
Hablo con el Race y dicen q la oficina de alquiler de coches más cercana está en Huesca. Incorrecto Total.
Hablo con mi hermano y dice que le quedan 3 horas para llegar. Incorrecto.
Salgo del coche y me encuentro con amigos de mis padres y su troupe. Correcto.
Los amigos me ofrecen un coche para el fin de semana. Correcto.
Los amigos me prestan el ex coche de mi madre para disfrutar el fin de semana. Correcto.
A las 10 y 40 de la noche estoy cenando en Esquiró con inmejorable compañía. Correcto Total.
A partir de este fin de semana tengo nuevos ídolos: los amigos de mis padres que me prestaron el coche.
Comemos en el coche sandwiches y cruasanes de Rodilla. Correcto.
Paramos en Zaragoza a poner gasolina y reponer refrescos. Correcto.
Llegamos a Huesca y el embrague empieza a temblar. Incorrecto.
Llegamos a Puente de Montañana y el embrague empieza a hacerse de rogar. Incorrecto.
Pasamos el Túnel de Viella y el embrague empieza a decir que ya me vale. Muy Incorrecto.
Llegamos a la primera rotonda de Viella y el embrague se queda apretado en el fondo y dice q no vuelve a salir, q está harto de q le pisen. Incorrecto Total.
A las 9 y 30 de la noche consigo arrancar el coche y llevarlo hasta la plaza. Correcto.
Hablo con el Race y dicen q lo recogen en 30 minutos. Correcto.
Hablo con el Race y dicen q no tengo vehículo de sustitución. Incorrecto.
Hablo con el Race y dicen q la oficina de alquiler de coches más cercana está en Huesca. Incorrecto Total.
Hablo con mi hermano y dice que le quedan 3 horas para llegar. Incorrecto.
Salgo del coche y me encuentro con amigos de mis padres y su troupe. Correcto.
Los amigos me ofrecen un coche para el fin de semana. Correcto.
Los amigos me prestan el ex coche de mi madre para disfrutar el fin de semana. Correcto.
A las 10 y 40 de la noche estoy cenando en Esquiró con inmejorable compañía. Correcto Total.
A partir de este fin de semana tengo nuevos ídolos: los amigos de mis padres que me prestaron el coche.
martes 5 de febrero de 2008
San Sebastián y Yo (IV)
Escribo dos semanas después, de vuelta en San Sebastián, donde no me ha pasado nada muy raro (de momento, me queda casi un día más) pero me falta algo que contar de la semana pasada.
El jueves pasado tuve una comida de trabajo (a veces creo q es mejor decir almuerzo, aunque suene cursi) en el edificio del Kursaal. Allí hay un restaurante de Martín Berasategui, dónde comí de menú del día. Espectacular, muy recomendable, y el q sea pudiente, arriba hay un restaurante q no es de menú del día, no sé si me explico...
Mientras esperaba a mi compañero, me quedé embobado mirando el mar desde el río (aquí le llaman la ría, pero como aún no he visto el color de los patucos no sé si es chico o chica...) Era uno de esos días q el mar quiere recuperar la tierra y como esta no se deja, se dedica a romperle las olas contra los paseos marítimos.
La vista era espectacular, y las olas rompiendo contra el rompeolas (vale, no me he dejado los sesos pensando) creaban un espectáculo digno de una foto.
Como mi compañero se retrasaba un poco, me puse a hablar por teléfono. Con las mismas se pone a unos 10 metros de mí una señora gorda, con gafas y el pelo corto (como siempre q me pasan estas cosas se me pegó la Schiffer) y de repente cierra los ojos, abre los brazos y los empieza a mover como si estuviera abrazando el aire.
Empieza despacio, poco a poco, como estuviera haciendo algo Zen, pero en breve empieza a bracear a toda velocidad, se pone roja como un tomate y empieza a gritar como si le hubieran pisado un callo.
Increíbleble...
Al rato se calla, deja de hacer cosas raras y se pone a mirar el mar como si no hubiera pasado nada. Eso sí, el color de sus mejillas era como lel de los extintores...
Se debió quedar sin fuelle, porque cuando llegó mi compañero seguía allí, como esperando a que el mar le devolviera algo de lo q ella le había dado.
Es lo q tiene...
El jueves pasado tuve una comida de trabajo (a veces creo q es mejor decir almuerzo, aunque suene cursi) en el edificio del Kursaal. Allí hay un restaurante de Martín Berasategui, dónde comí de menú del día. Espectacular, muy recomendable, y el q sea pudiente, arriba hay un restaurante q no es de menú del día, no sé si me explico...
Mientras esperaba a mi compañero, me quedé embobado mirando el mar desde el río (aquí le llaman la ría, pero como aún no he visto el color de los patucos no sé si es chico o chica...) Era uno de esos días q el mar quiere recuperar la tierra y como esta no se deja, se dedica a romperle las olas contra los paseos marítimos.
La vista era espectacular, y las olas rompiendo contra el rompeolas (vale, no me he dejado los sesos pensando) creaban un espectáculo digno de una foto.
Como mi compañero se retrasaba un poco, me puse a hablar por teléfono. Con las mismas se pone a unos 10 metros de mí una señora gorda, con gafas y el pelo corto (como siempre q me pasan estas cosas se me pegó la Schiffer) y de repente cierra los ojos, abre los brazos y los empieza a mover como si estuviera abrazando el aire.
Empieza despacio, poco a poco, como estuviera haciendo algo Zen, pero en breve empieza a bracear a toda velocidad, se pone roja como un tomate y empieza a gritar como si le hubieran pisado un callo.
Increíbleble...
Al rato se calla, deja de hacer cosas raras y se pone a mirar el mar como si no hubiera pasado nada. Eso sí, el color de sus mejillas era como lel de los extintores...
Se debió quedar sin fuelle, porque cuando llegó mi compañero seguía allí, como esperando a que el mar le devolviera algo de lo q ella le había dado.
Es lo q tiene...
martes 22 de enero de 2008
San Sebastián y yo (III)
Segundo viaje a San Sebastián... y este empieza peor que el anterior...
No me dan tregua ni en el aereopuerto!!! Voy como un pollo sin cabeza buscando la puerta de embarque y de repente un tío grande y feo, me señala y empieza a correr hacia a mí como un loco.
Lo primero que pienso es: "Lo conoceré de copas", pero como no me acuerdo bien de él, trato de hacerle 2 quiebros, pero como no estoy en mi mejor estado de forma, en el segundo me captura, se pone delante y me empieza a hablar como si le hubieran dado cuerda.
No entiendo ni papa, pero el tío no ceja en su empeño... Con la cara de bobo q debo tener y el no se rinde... De repente me doy cuenta que me habla en portugués... Coño, otro! Se creen q soy poliglota? No me entero de nada, pero pillo palabras sueltas como "Comida preta", "Nelly Furtado", "Bacalau dorau" y "Christiano Ronaldo"... o eso me parece porque es el único portugués q sé...
Le entiendo (aún no sé como) q el hombre busca un cajero automático, y de repente veo un punto de información y le digo q pregunte allí, pero el hombre me dice q es de "American Expresssshhh" con una de esas eses q pronuncian tan bien en Portugal, y me sigue contando cosas raras...
Al final vuelvo a ver otro punto de información, le digo q pregunte allí, o q si quiere le doy todo lo que tengo encima, pero por su padre, no me hable más.
Parece q le doy pena y se dirige al punto de información... Me voy a mi puerta de embarque corriendo, a ver si no me encuentro a más locos...
No me dan tregua ni en el aereopuerto!!! Voy como un pollo sin cabeza buscando la puerta de embarque y de repente un tío grande y feo, me señala y empieza a correr hacia a mí como un loco.
Lo primero que pienso es: "Lo conoceré de copas", pero como no me acuerdo bien de él, trato de hacerle 2 quiebros, pero como no estoy en mi mejor estado de forma, en el segundo me captura, se pone delante y me empieza a hablar como si le hubieran dado cuerda.
No entiendo ni papa, pero el tío no ceja en su empeño... Con la cara de bobo q debo tener y el no se rinde... De repente me doy cuenta que me habla en portugués... Coño, otro! Se creen q soy poliglota? No me entero de nada, pero pillo palabras sueltas como "Comida preta", "Nelly Furtado", "Bacalau dorau" y "Christiano Ronaldo"... o eso me parece porque es el único portugués q sé...
Le entiendo (aún no sé como) q el hombre busca un cajero automático, y de repente veo un punto de información y le digo q pregunte allí, pero el hombre me dice q es de "American Expresssshhh" con una de esas eses q pronuncian tan bien en Portugal, y me sigue contando cosas raras...
Al final vuelvo a ver otro punto de información, le digo q pregunte allí, o q si quiere le doy todo lo que tengo encima, pero por su padre, no me hable más.
Parece q le doy pena y se dirige al punto de información... Me voy a mi puerta de embarque corriendo, a ver si no me encuentro a más locos...
San Sebastián y yo (II)
Divido las entradas para no cansar más de lo debido... La segunda cosa rara del primer viaje me pasó el penúltimo día, a saber, jueves 17 de Enero...
Decido q lo de hacer régimen está muy bien, pero estoy en San Sebastián, y aquí se come de muerte... Así q ya está bien de hacer el ganso y vamos a darnos un homenaje... Y voy a ir a Casa Gandarias en la parte antigua... cuando me doy cuenta q jarrea en la calle, así q tan lejos no voy a ir, q está lloviendo y voy andando y sin paraguas...
Mientras bajo la cabeza y voy por la calle decidiendo dónde puñetas cenar, pq paso de volver al Va Bene!, paso por delante de un sitio llamado el nuevo Clos. Lo veo un poco pijo y decido seguir, pero empieza a llover un poco más y me refugio en la entrada. Mientras espero para seguir veo los "pintxos" y hay uno de milhojas con anchoa y boquerón en vinagre... y de repente el garito ya no es tan pijo, vamos como q no, como me está llamando...
Entro y me pido un par de pinchos estupendos... y cuando decido q ya está bien, pago y se me ocurre decirle al camarero que he cenado genial. A veces soy gilipoyas y hago cosas de estas. En ese momento, el camarero (q tb es el dueño) me empieza a contar su vida. Tengo la gran suerte q es francés y el español lo habla deprisa y mal. Así q trato de seguir una cocnversación en la que no soy capaz de entender más de una palabra de cada tres, a saber: "Mal", "chico", "Bullabesa" (es posible q dijera otra cosa) y a partir de ahí móntate tu la vida del francés.
Cojo más palabras: "Estados Unidos", "Someliere" (esta la dice el tío de cojones) y "Martín Bersasategi" (esta la pillo porque se lía y la dice como tres veces, cada cual peor)
Y en esas sigo, con cara de bobo y con el abrigo en la mano... Hasta q pillo una nueva palabra: "Bomeggos" y veo q pasa de mí q sale corriendo... Me veo salvado, hasta q pasa a mi lado y resulta que fuera hay Bombeggos, o lo que en español, de forma más ordinaria, llamamos bomberos... Hay un incendio en la casa de enfrente... de esto me doy cuenta porque allí están los bombeggos, y pq huele a quemado y no soy yo...
Como me despisto me vuelve a pillar el francés, y me empieza a contar otra de un incendio en esa misma casa la semana pasada... aprovecho q se asoma a ver a los bombeggos, me pongo el abrigo, le doy la mano y salgo corriendo bajo la lluvia, no sea q me invite a un Calvados y empiece de nuevo...
Decido q lo de hacer régimen está muy bien, pero estoy en San Sebastián, y aquí se come de muerte... Así q ya está bien de hacer el ganso y vamos a darnos un homenaje... Y voy a ir a Casa Gandarias en la parte antigua... cuando me doy cuenta q jarrea en la calle, así q tan lejos no voy a ir, q está lloviendo y voy andando y sin paraguas...
Mientras bajo la cabeza y voy por la calle decidiendo dónde puñetas cenar, pq paso de volver al Va Bene!, paso por delante de un sitio llamado el nuevo Clos. Lo veo un poco pijo y decido seguir, pero empieza a llover un poco más y me refugio en la entrada. Mientras espero para seguir veo los "pintxos" y hay uno de milhojas con anchoa y boquerón en vinagre... y de repente el garito ya no es tan pijo, vamos como q no, como me está llamando...
Entro y me pido un par de pinchos estupendos... y cuando decido q ya está bien, pago y se me ocurre decirle al camarero que he cenado genial. A veces soy gilipoyas y hago cosas de estas. En ese momento, el camarero (q tb es el dueño) me empieza a contar su vida. Tengo la gran suerte q es francés y el español lo habla deprisa y mal. Así q trato de seguir una cocnversación en la que no soy capaz de entender más de una palabra de cada tres, a saber: "Mal", "chico", "Bullabesa" (es posible q dijera otra cosa) y a partir de ahí móntate tu la vida del francés.
Cojo más palabras: "Estados Unidos", "Someliere" (esta la dice el tío de cojones) y "Martín Bersasategi" (esta la pillo porque se lía y la dice como tres veces, cada cual peor)
Y en esas sigo, con cara de bobo y con el abrigo en la mano... Hasta q pillo una nueva palabra: "Bomeggos" y veo q pasa de mí q sale corriendo... Me veo salvado, hasta q pasa a mi lado y resulta que fuera hay Bombeggos, o lo que en español, de forma más ordinaria, llamamos bomberos... Hay un incendio en la casa de enfrente... de esto me doy cuenta porque allí están los bombeggos, y pq huele a quemado y no soy yo...
Como me despisto me vuelve a pillar el francés, y me empieza a contar otra de un incendio en esa misma casa la semana pasada... aprovecho q se asoma a ver a los bombeggos, me pongo el abrigo, le doy la mano y salgo corriendo bajo la lluvia, no sea q me invite a un Calvados y empiece de nuevo...
lunes 14 de enero de 2008
San Sebastián y yo
Empiezo una serie de artículos en los que voy a ir contando lo q hago en San Sebastián, cuidad en la q voy a pasar 22 días laborables de los 2 próximos meses.
Lo primero es decir q vaya mundo laboral me habéis preparado los amigos. ¿Para esto os dejo tanta ventaja? De verdad, q es pa haberse matao...
En fins, os lo perdono porque si no fuera por vosotros, no iba a ser esto ni la mitad de divertido.
A lo que iba, en mi primera semana ya me han pasado 2 de esas cosas q no son habituales... al resto de la humanidad. Vamos por partes:
Día 1: Llego a San Sebastián con gran alegría y alborozo y un poco de sueño. En cuanto me subo en un avión es como si me tomara un valium, me quedo dormido en cero coma. El 90% de las veces. Parece q los aviones me hacen vudú... El caso es q habitualmente no me entero ni del despegue.
Ya semi despierto tomo un taxi y me vengo a la pensión donde me hospedo. Una pensión estupenda en el centro de San Sebastián. Pues muy bien... como si fuera un niño bueno deshago mi maleta, y me dispongo a cenar algo rápido... recuerdo q aquí cerca hay un sitio donde hacen unas hamburguesas estupendas, así q pregunto al chaval de recepción q me responde: "Claro!! Se llama Va Bene! Está aquí al lado hace unas hamburguesas de muerte y... ¿Me traes una? Tengo hambre y no me puedo mover de mi puesto..."
Vale. Sé q tengo pinta de chavalote, pero estoy pagando mi habitación como el resto! En fins, me muerdo el labio, más q nada para que no se me escape la risa, y después de tomar el pedido del señor, me voy a la hamburguesería... Como tengo q llevar el pedido, pido tb la mía para llevar. No sea q se enfríe la del señor.
A mi vuelta a la pensión, abrazos, agradecimientos, sonrisas cómplices y me como mi hamburguesa en mi cuarto... Lo cierto es q estaba muy buena, pero me olvidé de preguntar al señor si le había gustado o si necesitaba algo de postre...
Etiquetas:
Chavalote,
Hamburguesa,
San Sebastián,
Va Bene
viernes 30 de noviembre de 2007
Mi vespa y mi bache
Hace poco me conecto al blog de un amigo y veo que ha escrito un artículo sobre su Vespa. La verdad es q las Vespas dan mucho juego en Madrid... Y tengo que decir q en este caso estoy indignado con "I" de las muy gordas.
Todos los días vengo a trabajar en mi Vespa y tomo una curva en la calle General Perón q desemboca en Capitán Haya (Sip, va de militares, pero esta vez no toca el General que Mola...) Y en esa curva hay un bache estupendo.
Son dos jorobas de camello, que hacen la misma curva, pero viniendo desde Castellana, de forma que al entrar desde Perón doy saltos con la moto que me hacen llegar al trabajo lleno de adrenalina... Además en Madrid llueve poco, pero misteriosamente, la curva siempre está mojada lo que ayuda a que la emoción aumente.
Sin embargo hace poco me encuentro con q me han quitado mi bache... Y sin pedirme permiso! Ya no salto, estoy mustio en el trabajo, mis mañanas pierden interés...
Pero hoy vuelvo a estar contento. Ya se está rompiendo... de momento está lleno de grava y polvo, que lo hace emocionante, pero no tanto como antes... aunque en breve va a quedar como antes, pero con el suelo rugoso y más altura!
Estoy esperando como un loco a que llegue ese día!
Todos los días vengo a trabajar en mi Vespa y tomo una curva en la calle General Perón q desemboca en Capitán Haya (Sip, va de militares, pero esta vez no toca el General que Mola...) Y en esa curva hay un bache estupendo.
Son dos jorobas de camello, que hacen la misma curva, pero viniendo desde Castellana, de forma que al entrar desde Perón doy saltos con la moto que me hacen llegar al trabajo lleno de adrenalina... Además en Madrid llueve poco, pero misteriosamente, la curva siempre está mojada lo que ayuda a que la emoción aumente.
Sin embargo hace poco me encuentro con q me han quitado mi bache... Y sin pedirme permiso! Ya no salto, estoy mustio en el trabajo, mis mañanas pierden interés...
Pero hoy vuelvo a estar contento. Ya se está rompiendo... de momento está lleno de grava y polvo, que lo hace emocionante, pero no tanto como antes... aunque en breve va a quedar como antes, pero con el suelo rugoso y más altura!
Estoy esperando como un loco a que llegue ese día!
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